Diego Rivera y Pablo Picasso

Todo depende de la inteligencia que valora el talento de cada tiempo.

Por algo dijo Diego que no creía en Dios pero creía en Picasso. 

Sin mayor relación entre ellos (según se dice a manera de murmullo, que sólo se vieron una vez, de larga juerga en París), la admiración del joven mexicano es comprensible, sin mucha respuesta del Maestro español que ya era conocido por todos los interesados en el arte de su tiempo. 

La muestra recientemente presentada en el Palacio de Bellas Artes fue una lección que nos facilitó la lectura comparativa entre los trabajos de ambos artistas.

No es difícil ver algunas influencias de Picasso en Rivera y algunas coincidencias entre ambos que eran muy cercanos en edad, con 5 años mayor el español.

Y claro que no son iguales, pero hay huellas de uno en el otro que se leen mirando con cuidado.

Respetando los gustos y quereres de quienes la vimos con pasión y calma, la valoración de la muestra es muy positiva por las piezas presentadas. Fue un deleite ver cómo el arte no tiene que ser estrictamente renacentista para ser bueno, además del beneficio que ofrece la comparación entre los genios. Los dos salen ganando en diversos tiempos y lugares con tópicos propios de cada ámbito y preferencia del dueño del pincel, según sea el caso.

Margarita Magdaleno 


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