El gran Picasso fue un niño genio y Miró luchó por pintar como los niños

¿Cómo no celebrar a los niños cuando llenan el mundo con trantas gracias?

Y entendamos las gracias como bendiciones, simpatías y dones atesorados.

A lo largo de la historia son muchos los infantes que se han destacado por su genialidad en diversos campos del arte, las ciencias, la ecología o los Derechos Humanos, entre tantos otros.

Son verdaderamente genios, que además, quiero festejar y reconocer en el día que se dedica a pensar en ellos; aunque en realidad, el reconocimiento de los talentos implica valorarlos diariamente y en todas las áreas imaginables. Por eso, va aquí un homenaje para el gran Pablo Picasso, quien se distinguió desde muy pequeño porque a pesar de su dificultad para comprender las enseñanzas escolares más sencillas, su genio para el arte nunca se puso en duda.

Nació en Málaga en 1881 y murió en Francia en 1973. Su nombre completo no siempre se conoce: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruíz y Picasso; hijo de José Rúíz Blasco y María Picasso López.

La trayectoria de este artista se inicia en su infancia y son de hacer notar sus obras más tempranas, las que hizo siendo apenas un joven; entre las que  destaca  “Pequeño picador amarillo” de 1890, en la que podemos valorar el trazo expontáneo y fuerte, de primera intención y la manifestación del mundo del toro que lo apasionó hasta el fin de su vida.

Existe también una colección que fue reuniendo su padre con los primeros dibujos del niño Pablito quien lejos de aprender a leer con fluidez podía dibujar con maestría, que su papá reunió y que agregó a  otra colección hecha  con  los retratos de los parroquianos que visitaban con frecuencia el Bar Les Quatre Gats de Barcelona y que a la postre fueron vendidos para que Pablo pudiera solventar la vida en el proceso de independencia de la familia.

Llama la atención el nombre por la larga lista de nombres propios y apelativos compuestos que reúnen en su conjunto 17 palabras para identificarlo, agregando sus dos apellidos, igual que el también español Salvador Dalí que llevan en el nombre toda su procedencia.

Sin embargo, lo destacable, en estas cuantas líneas, es la calidad de Picasso siendo todavía muy jóven, entre los 8 y 15 años, y sus inicios en los dibujos de retratos de primera intención en aquel legendario bar al que Pablo no entraba, pero que el papá se encargaba de ir poniendo al alcance de su vista a los modelos tan inimitables.

Llama la atención el gran carácter de los trabajos infantiles y juveniles de Picasso, sobre todo de los miembros de su familia, que por cierto, no son únicos en su género en la historia del arte porque hay otros niños genios a lo largo del tiempo que sorprenden por la fuerza y el carácter de sus obras con tan poca experiencia personal acumulada y algunos relativos a su gran amor por el toro.

Otro grande, amante de los niños y de la vida fue Joan Miró, pintor catalán que fijó su talento en la abstracción, la esencia de una vida llena de magia y fantasía donde los personajes son niños rodeados de su mundo con cualidades vistas por los mismos niños: perros con tres colas, ojos verticales, posturas de los cuerpos de los pequeños sintetizados en un par de líneas, colores básicos atrapados en gruesas líneas que se van por doquier siguiendo las emociones infantiles de  enorme fuerza. Esa pintura inspirada en los niños y su mundo ha forjado la fuerza de personajes irreproducibles que en muchas ocasiones, honran la participación de los niños a través de sus características más significativas, los colores más vivaces, las expresiones más simplificadas.

Sin dejar de echar un vistazo a nuestro ámbito y por mencionaar a un autor de la talla de los enormes antes mencionados, son relevantes los niños pintados en el arte de Diego Rivera: niños netamente mexicanos con las características étnicas que hablan de México con enorme dignidad, los vestuarios sencillos y maravillosos así como la costumbre de reconocer sus pequeñas presencias como elementos de primer órden en la composición y resolución de las obras alusivas a la vida del nativo de esta tierra. Son niños llenos de encanto, ojos grandes un poco razgados, negros cabellos, labios gruesos y un color inimaginable en la piel, para quienes nunca los han visto en verdad.

Diego también fue un pintor que destacó desde pequeño y queda muestra en su célebre gran obra de arte que plasma su trenecito de hojalata, dibujado cuando era niño en su natal Guanajuato.

En fin, que los niños han sido y seguirán siendo poderosos motivos para el arte y cuando desempeñen el papel de protagonistas en el quehacer plástico habremos de responsabilizarnos los adultos de fortalecer esos talentos.

Margarita Magdaleno R.


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