¿Seguirán existiendo los museos?

Frente a la embestida de la tecnología y la transformación constante y veloz del mundo, es muy difícil abandonar el pensamiento enfocado en la transformación del arte, los sitios y maneras para la exhibición de los objetos, sean éstos artísticos, históricos o importantes muestras arqueológicas que nos hablen del desarrollo de la humanidad en sus diferentes aspectos, así como el interés del público,  los artistas, las instituciones, los recursos y objetivos que mueven a unos sistemas tan complejos como los encargados de la cultura en los diversos países del mundo.

El Museion, griego, tuvo la finalidad de guardar los conocimientos de la humanidad, así como la Pinakoteke que guardó los objetos de arte antiguo considerados como tesoros eclesiásticos o de la  realeza, primeramente ubicados en vitrinas que se llamaron gabinetes de curiosidades, promovidos por una burguesía culta y que han transmitido desde el siglo XVIII y hasta nuestros días, el conocimiento y la cultura de prácticamente todo el orbe.

Este concepto históricamente preindustrial se mantuvo hasta la aseveración de que la cultura no es un objeto, que ni se atesora ni se guarda, hasta que la Revolución Industrial se encarga de borrar la iniciativa cultural y la búsqueda de la tecnología abarca igualmente la creatividad en todos sus modos, que en la Postindustrialización se enfoca en devolver los poderes a las ciudades y desaparece, casi por completo, la institución cultural, porque el nuevo foco de atención es, hasta hoy, la tecnología y un lenguaje plástico que puede ser mordaz y a veces muy desordenado, pero clara demostración del nuevo orden de los asuntos que competen al arte; es decir, la vida misma con las características específicas de cada individuo y cada circunstancia.

Todo ese tiempo Europa impuso los cánones, las normas y el modelo de la cultura y la conservación patrimonial. De esta manera, los museos han pertenecido a una sociedad colonialista, que a diferencia de la política, no ha podido emanciparse y crecer junto con un mundo tecnologizado, entrado en la conservación ecológica y dispuesto a buscar sus nuevos caminos en el arte.

El artista como los otros profesionales de hoy, buscan la comercialización de los bienes culturales que producen y lo que ya no es tan seguro es que los museos tradicionales sean los sitios adecuados para estas nuevas demostraciones de la emoción y habilidad de los artistas de éste, tan cambiante tiempo.

Tampoco es viable pensar que todo el arte que se produce hoy pueda ser consumido por el individuo de a pie, el que como usted o como yo, deseamos tener algunas obras para nuestro deleite y patrimonio personales. ¿Qué hacer con una instalación a mitad de nuestra casa? Estamos hablando de obras que deben ser vistas en un ambiente cultural o cotidiano, pero diferente a lo que podemos coleccionar de manera personal.

Desde que apareció Marcel Duchamp en el horizonte cultural, el arte dejó de ser un regodeo visual en exclusiva, para convertirse en una obra que aparece allí, en los museos o espacios culturales públicos, justamente para hacernos pensar. Es un arte para la reflexión que echa mano de todo lo que esté a su alcance: Desde objetos encontrados al azar o buscados ex profeso hasta elementos tecnológicos de gran sofisticación o piezas que parecen inocuas para el pensamiento, más la luz, el espacio, los fenómenos físicos. Hace unos días pudimos ver una obra muy atractiva de Teresa Margolles, colocada en el Museo de la Ciudad, hecha a base de hilos que se antojaban mágicos, y que en combinación con la luz nos ofrecían la belleza sutil del color y la transparencia, con toda la recarga de ideas, sensaciones y emociones de propiedad individual de cada observador.

Las obras, ahora y en el futuro, llevarán su ritmo, sus necesidades de existencia y sus particularidades, pero los espacios para exhibir esas expresiones plásticas no podrán ser los mismos. Cada día es más difícil mantener las enormes nóminas de los museos, el mantenimiento cuidadoso y especializado que se requiere para permitirnos el deleite de mirar  y aprender frente a obras de arte de grandes características de tangibilidad.

Habrá que ver lo que produzcan los artistas para actuar en consecuencia. Nuevos y variados modos de presentar la historia del hombre, la cultura y el arte están ya tocando a la puerta. Abriremos y veremos cómo, nuevamente el arte, da fe de lo que en la vida pasa.

Tenemos museos muy importantes en México que hace mucho abordan estos temas y maneras de expresión. Entre los más recomendables esta el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, el Museo del Chopo de la UNAM, Museo Tamayo en Chapultepec, el maravilloso Museo JUMEX en Polanco, el Museo Ex Teresa en el Centro Histórico de la Ciudad de México; Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en San Luis Potosí, Museo de la Ciudad en Querétaro y la Galería Libertad, por citar los más nombrados. Se mencionan estos espacios culturales por la relativa facilidad de acceso desde nuestra entidad. Y no está por demás, asomarse también al Museo de los Conspiradores, de esta ciudad, ubicado en el andador 5 de Mayo, que sorprenderá por la nueva creación del mural recientemente realizado por nuestros jóvenes artistas. Créame, vale la pena entender la historia de esa manera.

Otro formato que no podemos soslayar es el del arte en las calles, que se ha dado en llamarle Arte Emergente, que no se refiere a la urgencia sugerida en el significado de la palabra, se trata de “emerger”, brotar, y que da clara idea de que el pensamiento de los artistas, no rigurosamente se consolida en un espacio museístico tradicional, sino que es tanto, que requiere la libertad de la calle para mostrarse. Es, entre otras cosas, un nuevo movimiento muralista en este país tan acostumbrado a esa forma de expresión que encontramos desde el mundo precolombino, pasando por los grandes murales impulsados por Vasconcelos y este nuevo renacer de las inquietudes plásticas y públicas de los artistas mexicanos que están aportando nuevos modos de acercarnos al arte que se está desbordando de los espacios asignados.

La diferencia con otras corrientes de otros lares, es el tiempo. Sí, el tiempo que vive el mundo, el tiempo para realizar las obras, el tiempo para disfrutarlas de manera específica ( ahora podemos admirarlas mientras pasamos por la calle en la vida diaria), el tiempo para la difusión y el tiempo, el espacio y la disposición para pensar en ellas.

También estos murales forman parte de la vida de diversión y solaz, porque los vemos en antros y algún restaurante que quiere distinguirse. Ya no hay pretexto para no mirar arte.

Aunque sigue siendo muy recomendable propiciar el espacio de reflexión para el deleite.

En Querétaro, contamos con muchos espacios culturales, museos de toda índole, en los que además de su acervo permanente, exhiben periódicamente muestras temporales de colecciones privadas. No siempre con el orden y disciplina que se requiere, sobre todo tratándose de la vocación que los caracteriza, pero siempre con dignidad ; además de las galerías oficiales y privadas, que en su trabajo conjunto no se dan abasto con la demanda para exponer. En algunos de esos espacios, hace falta una exigencia especializada en la calidad de las exposiciones, circunstancia que no compete a los espacios de gran trayectoria, que no se ponen en duda.

Así es que, a mirar  y admirar el arte, en este nuevo género de espacios, que esperamos, nos inunden con su riqueza cultural.

Margarita Magdaleno Rojas.


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