Quincuagésimo aniversario del Sargento Pimienta

En estos días ya no hace falta recordar que el Sargento Pimienta está cumpliendo 50 años. Lo que sí se vuelve imprescindible es reconocer el talento de los genios que han hecho importantes contribuciones a la cultura universal que ciertamente, ni son tantos ni son reconocidos en todo el orbe.

 Hace 50 años que la creación artística requería de estímulos y formas de difusión que ahora son impensables y que para la prisa de quienes carecen de sentido para pensar en ello seriamente, pero que lo consumen sin darse cuenta y que nos llegan hasta hoy.

No debería requerir de presentaciones, pero si hablo de los sonidos musicales diferentes y extraordinarios de los años 60 del siglo XX, sin duda, estoy hablando del cuarteto de Liverpool The Beatles: John, Paul, George y Ringo, mundialmente conocidos.

Si recurrimos a las imágenes plásticas de esos años, estamos frente a la Psicodelia, fundamentada en las imágenes provocadas por algunas drogas blandas de esa época; imágenes distorsionadas a la vista  como cuando alguien se emborracha: Colores brillantes, planos lisos de fuertes colores, alargamientos o ensanchamientos  exagerados, que acababan por ofrecer figuras irreales y hasta cómicas: Ojos alargados, lenguas de fuera, narices chatas o mezclas de maravillosos colores, que no dejaban de ser muy atractivos. Se dibujaban con precisión las figuras, se empezaba a llevar el movimiento con una mayor precisión y a final de cuentas, una forma nueva de representar al mundo con la distorsión, hasta arribar a la abstracción pura de la manchas equilibradas que tanto mueven las emociones.

Por eso, estos sonidos, se resisten al olvido por diferentes y fascinantes motivos  procedentes del corazón, el oido y la inteligencia de esos jóvenes que fueron juzgados como estrafalarios por las “enormes  melenas” que frente a mis flecos de entonces, eran más cortas.

La música de The Beatles, se distinguió, justamente por su armonía y musicalidad. Eran profesionales de su trabajo y capaces de generar sonidos impensables de manera conjunta: Arpas, clavecines, vientos graves, profundos o volátiles y venturosos, combinados en claves distintas para cada tipo de instrumento, que sonados en armonía perfecta, despertaron al mundo de la monotonía y nos introdujeron en una exigencia distinta para la música actual de aquella época.

Los niños pequeños, preadolescentes, no estábamos invitados a estas valoraciones, que sin embargo nos educaron el oido como para desechar hasta hoy la basura de los ruidos sin sentido que tanto abundan. Ellos eran rockeros, reveladores, sorpresivos músicos, capaces de crear sonidos pero propiciar también la generación de imágenes y componer los mejores contenidos en sus letras.

También hay que decir que existían las drogas de “expansión mental”, que ojalá no hubieran existido, pero allí estuvieron junto con toda la maravilla musical sin que se deba a éstas ningún tipo de creación artística.

La Psicodelia, desde el punto de vista de la plástica era un cúmulo de colores pastel, formas irregulares y representaciones muy cercanas a las superficies planas de la gráfica. Y aunque John Lenon cantaba “Can´t get much worse”, la verdad es que la vida de entonces estaba lejos de ser “peor”. Había gran apertura a la cultura artística y los Beatles no era ingenuos sino poco complicados en sus lenguajes y formas de comunicación, que tuvieron que crecer y volverse formales, con una imagen específica de niños bien portados con trajes y corbatas hasta que decidieron hermanar la imagen nueva con la antigua y se vistieron con uniformes militares, dejaron sus melenas como centro de la imagen y se pusieron, en su juego visual, bigotes de carton y un arte que apareció en la portada del Sargento Pimienta.

Giraron por todo el mundo y luego se encerraron en el estudio, cinco meses de grabación para ofrecer la crónica de la música de su tiempo, magistral y atrevidamente buena. Su música, hasta hoy sigue siendo perfectamente audible: Armonías clasicas, collages de instrumentos, variantes en los tonos y las claves, inclusión de instrumentos tan acordes con sus imágenes vibrantes y caricaturizadas, con atrevimientos artísticos inimaginables en su tiempo.

Para ellos, lo viejo no dejaba de ser útil, divertido, gratificante y actual.  Conocían el pasado y sonaban a futuro. Imposible no embelesarse. George Martin, su productor, supo captar el sonido inolvidable y extraño, tocado a mano y sin computadora. Estaba frente al gran milagro musical del siglo XX, con ambigüedades estéticas, musicales y de comunicación, “…cuando apenas teníamos televisión, radio y prensa” según sus propias palabras.

Después vinieron el Punk, la música disco,  el hip hop y los metaleros, que ahora huelen a antaño. Lo que no ha sido superado es lo acertivo de modificar los cánones mediante genio y conocimiento, nuevas propuestas y menos hechizos tecnológicos: Sensibilidad pura y calidad por siempre.

Margarita Magdaleno R.


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