El acueducto ayer y hoy

A juzgar por las evidencias pareciera que la carencia de agua en esta ciudad fuera un problema de siempre. Puede que no haya sido así hace muchos años; a principios del siglo XVIII por ejemplo, Querétaro en pleno esplendor, lleno de fuentes para su abastecimiento, saciaba su sed gracias a los manantiales de Pathé y La Cañada, que le quedaban apenas a unos pasos, además de su delicioso río que bordeaba por el norte su porción de tierra, tan definida y tan importante para la entonces “tercera ciudad del Virreinato”, según mencionan algunos investigadores como el Dr. Carlos Arvizu García en su libro “ Tesoros de la Ciudad de Querétaro” Grupo Azabache 1992.

Sin embargo, la presencia del Marqués de la Villa del Villar del Águila Don Juan Antonio De Urrutia y Arana, tenía que representar para su pueblo la certeza de protección y estatus, dado el rango de tan insigne ciudad.

En este marco, la construcción de un acueducto era la garantía del líquido para los habitantes, alarde de una tecnología capaz de salvar distancias y topografía, aprovechamiento de los recursos naturales y sin duda, poder para el Marqués.

Seguramente había pensamientos de grandeza, pero no podemos imaginar siquiera si se llegó a pensar en la clase de infraestructura simbólica, cargada de valores de identidad y capacidad de generar polémica que es ahora. Cuando lo miramos, sobre todo de día, sin luces artificiales, iluminado por el sol, como compete y de arriba hacia abajo, sin efectos fantasmagóricos, pleno de belleza y valores culturales, como gran patriarca que da fe del devenir del progresista Querétaro que ahora vivimos.

Por su tamaño y grandeza es realmente monumental; como los  del Imperio Romano que engalanaban las ciudades mientras satisfacían la necesidad del agua, de la vida misma. El acueducto queretano es un ejemplo de energía que continúa activa.

Lo que ha quedado atrás es su emplazamiento, antes llano, distante y regio, permitiéndole ser único en su entorno. Ahora, forma parte de un Centro Histórico que es Patrimonio de la Humanidad, que crece y se multiplica, modificando los usos del suelo, las alturas de los inmuebles que lo circundan y lo alejan, de la zona de la ciudad más densamente poblada de monumentos y que reclaman, también su nueva importancia.

El “tropezón visual”, se debe sin duda, al nivel de calidad del nuevo entorno, que sale perdiendo, sin clase arquitectónica, a pesar de encontrarse en el que debería ser el Perímetro B, esa “zona de amortiguamiento” que obliga a mantener algunas circunstancias que hacen que los límites de una zona de monumentos sean una superficie y no rigurosamente una línea, inexplicablemente inexistente en la Declaratoria de Zona de Monumentos de la ciudad de Querétaro y por consiguiente sin normas ni restricciones a pesar de su colindancia con la Zona de Monumentos Históricos. El riesgo de no contar con esta área es que al otro lado de la línea puede pasar lo que sea. Imaginémonos que sobre las aceras de la Avenida de los Arcos pudieran construirse arcos falsos, alturas insospechadas o vidrieras de grandes dimensiones, compitiendo con el acueducto y aplastándolo, literalmente, por lo menos en sus visuales dejándolo “sin aire para respirar”. Sería equivalente a la violación al espacio vital de los individuos.

Una demostración, no sólo de generosidad sino de verdadero respeto al patrimonio, sería generar un carril más de circulación peatonal o ciclopista, además de los de la Avenida de los Arcos, por la que circulamos diariamente.

Un ejemplo de gran similitud es el de la Ruta de la Amistad en la ciudad de México, que fue concebida por el Arq. Pedro Ramírez Vázquez, en 1968, en los límites urbanos de la gran capital y que actualmente se ha perdido entre la avasalladora construcción, sin más interés que la comercialización del suelo, sin régimen de propiedad claro ni protección normativa alguna para las esculturas y las áreas en las que se encuentran dichos monumentos del siglo XX.

Estos equívocos en la concepción de los espacios que requiere la poderosa arquitectura, se deben al abandono de la calidad en el diseño y a la incomprensión acerca de la ciudad, tal como se ha transformado el citado Anillo Periférico en la ciudad de México, que a pesar del aparente desorden visual de tan prolongada vialidad, es una especie de galería urbana en constante transformación que muestra la gran gama de posibilidades visuales de las artes gráficas en los espectaculares que tanto dinero dejan. Bernardo Quintana, tendrá que librar su lucha para integrar de la mejor manera el violeta de las jacarandas, las fachadas de los inmuebles, los vacíos de los estacionamientos y pequeñas plazas comerciales, los volúmenes de los dobles pisos, la velocidad de los recorridos y, por supuesto, el elemento focal que representa el acueducto.

Volviendo a nuestro caso, entender que la parte histórica se levantó en uno de los mejores valles que componen el Bajío, que su primer entorno, todavía se encuentra en un terreno casi plano y que la zona de  pendientes que circunda el gran predio, son las premisas para construir la ciudad de hoy, que nos permitirán escuchar la lógica y respetar las pendientes y en función de ellas construir una ciudad ordenada, con tecnología de gran calidad, sin necesidad de violentar los Planes de Desarrollo Urbano que claramente indican los usos y destinos adecuados en cada fracción de tierra del Centro de Población más importante de la única Zona Metropolitana que tenemos en la entidad. Esta clasificación obliga nuevas circunstancias y limitaciones acordes a los beneficios de desarrollo previstos, factibles y deseables para todos los habitantes que ahora somos.

Para los cuatro municipios que componen la Zona Metropolitana: Querétaro, Huimilpan, El Marqués y Corregidora, el acueducto es un elemento de la infraestructura histórica, de carácter cultural, con presencia única y categoría de hito de gran representación para la entidad.

Es aquí donde vemos que el acueducto, que preocupa a muchos ciudadanos y ocupa a las autoridades encargadas de las obras públicas estatales y a un selecto grupo de especialistas en la conservación patrimonial, el desarrollo urbano, la ingeniería vial, la construcción y todas las áreas indispensables para el buen fin de una obra tan importante, sigue siendo parte fundamental de la modernidad queretana.

Sin embargo, llama la atención que de las instancias federales no hemos escuchado una postura clara y precisa de frente a esta obra vital para el desarrollo vial y la responsabilidad comprometida para dar seguimiento a las obras para que éstas, beneficien a todos los usuarios sin menoscabo de la conservación del monumento sin igual.

¿Quién es realmente el custodio de obra tan representativa?. La ley federal sobre monumentos y zonas arqueológicos, artísticos e históricos, en sus capítulos 2, 4, 35, 38 y 41 establece, en términos jurídicos diferentes a las palabras que aquí se plasman, que es el Instituto Nacional de Antropología e Historia quien tendrá que vigilar y normar la conservación y todo tipo de intervenciones con relación a los patrimonios de la nación desde la época prehispánica y hasta el siglo XIX, extendiendo además su interés y capacidad de cuidado a muchos bienes del primer tercio del siglo XX, aunque estos últimos sean atribución del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

En otros casos como los templos de culto religioso y sus anexos, considerados patrimoniales, es la Secretaría de Desarrollo Social quien vigila y avala las intervenciones de conservación, los usos asignados y todo lo referente a dichos inmuebles, con la normatividad y supervisión del INAH y diversas formas de colaboración y compromiso de las autoridades locales, tanto estatales como municipales y los grupos de la sociedad organizada, interesados en fines específicos para dicha conservación.

Santiago de Querétaro es una ciudad con muchos planes e instrumentos normativos como para hacer de ella una ciudad con características de perfección; sin embargo, algo pasa, que parecieran no existir y todo se centra en la Zona de Monumentos, para la que además de un Plan Parcial de Desarrollo Urbano, existe un muy reciente Plan de Manejo del Centro Histórico que fue realizado y entregado por el IMPLAN a la autoridad encargada de Patrimonio Mundial en el INAH, después de haber sido aprobado por el Cabildo, y del que sería muy útil aplicar las recomendaciones que seguramente contendrá y que competan directamente al acueducto.

Y aquí hay que hacer una indicación muy precisa: La SEDESOL realizó la guía metodológica para la elaboración de los Planes de Manejo de los Centros Históricos en todo el país; la misma dependencia reconoció el buen Plan de Manejo que aquí se hizo, pero este documento no tiene características de obligatoriedad jurídica mientras la legislación mexicana continúe sin modificaciones para que esto suceda. Por lo que es plausible que dicho plan exista ya que indica un acto de buena voluntad de las autoridades y la sociedad en la protección del patrimonio. Y también es una señal de alerta porque la sola existencia del documento no implica que se desaparezca siempre, el riesgo del daño al patrimonio, que no forzosamente significa su desaparición total sino infinidad de pequeños pecados, que acaban por aniquilar el sentido de la conservación de los monumentos de todos los tiempos.

¿Por qué preocupa tanto a los ciudadanos este asunto? Primero, porque es SU acueducto, así es el patrimonio: pertenece a todos aunque el propietario sea sólo uno y tenga la mayor obligación de conservación. Atrapa el interés también porque, una intervención equivocada, estaría lastimando el Patrimonio de la Humanidad; porque la incertidumbre es mala consejera, pero sobre todo, porque no han sido informados con esmero acerca de lo que sucede. Y no es que la sociedad civil se vaya a entrometer en los trabajos de su gobierno, sino porque la sociedad y especialmente los grupos organizados, están conformados por una gran gama de ciudadanos, profesionales, especialistas, estudiantes, grupos colegiados, comerciantes, conocedores o ignorantes pero todos amantes de su ciudad y su patrimonio. No se trata solamente de que los monumentos no se caigan sino que, lo substancial es que sigamos manteniendo vigentes, respetados y disfrutados, estos elementos que entre otras cosa, mantienen nuestra identidad.

Es muy probable que las personas interesadas no puedan intervenir en los proyectos y decisiones técnicas y tampoco se trata de evitar que las obras se hagan y que Querétaro no crezca; pero sí se trata de realizar acciones en las que también los ciudadanos se vuelvan corresponsables con sus autoridades.

La densidad poblacional ha crecido más allá de lo esperado, saturando, entre otras cosas, las vialidades que ya resultan insuficientes, sobre todo en arterias como Bernardo Quintana, que atraviesa por debajo del Acueducto y que, cuando se construyó ese impulso de modernidad, también causó revuelo.

Sin embargo, muy importante, sería aprovechar la experiencia y hacer las cosas completas. Es decir, si hay que fortalecer y proteger al acueducto para ampliar un carril a Bernardo Quintana ¿Por qué no consolidarlo completo?. La más reciente intervención ha sido para iluminarlo, con resultados de apreciación muy variados en la población, acción que le dio colores,  pero no lo fortaleció en su integridad total.

Ahora estamos viendo que se le colocan soportes, pero solamente a unos arcos y el acueducto necesita, supuestamente,  prevención total; que no rigurosamente tiene que ser a base de un andamiaje de punta a punta sino de un sistema que ayude a monitorear su integridad total mientras se hace la obra. Y no se trata de alucinar desgracias y tampoco de que nada lo haya tocado nunca, porque existen varias fotografías que presentan el gran progreso del ferrocarril cruzando a nivel del suelo y por debajo de los arcos en el año de 1900 (Colección Aubert). El interés, ahora, es estar informados porque la comunidad no tiene la obligación de saber detalles técnicos pero sí el derecho de comprender lo que se está haciendo.

Abordar los aspectos del entorno es indispensable. Las vistas que conducen hacia el acueducto son diversas: en ambos sentidos sobre Bernardo Quintana, desde la entrada por la Cuesta China, Loma Dorada, Balcones de Querétaro, la subida al antiguo aeropuerto, el puente del ferrocarril y el mirador de La Cruz, básicamente. Desde allí, podemos distinguir los colores del cielo y de las piedras, sus texturas, la esbelta forma de los arcos, su trayectoria y la diferencia de la presencia que tiene según los barrios por los que va pasando hasta coronar su entrada majestuosa al Centro Histórico en el barrio de La Cruz, parece dialogar con los diferentes entornos: árboles, pavimentos, edificaciones nuevas, monumentos históricos, aplanados lisos, piedras antiguas, música de antros, terrazas de comensales, ventanas de restaurantes, cruces viales de importancia y todo lo que la vida ha visto establecerse por debajo de los enormes arcos. Es, como ya dijimos, un hito, mucho más que una imagen, es una fisonomía llena de individualidad.

Por eso, reconocemos obras como la rehabilitación del Río Querétaro, pero nos preocupa su próximo cruce vial sobre Bernardo Quintana. No olvidemos la desaparición de la Ruta de la Amistad apenas citada.

Es loable y comprensible que los queretanos amemos el Centro Histórico, pero hay que amarlo por sus grandes monumentos como el acueducto, pero también hay que defender las pequeñas construcciones de valor ambiental; visitarlo y conocerlo pero no solamente para irnos de recorrido por los antros los jueves en la noche para aprovechar las promociones de margaritas, tequilas y demás líquidos burbujeantes; también hay que cuidarlo con sus habitantes permanentes que lo mantienen vivo y requieren de respeto en sus ratos de descanso y en las entradas a sus cocheras; con y sin turistas, en las buenas y en las malas, con el Cerro de las Campanas, la otra banda y el gigante que ahora nos ocupa.

En Querétaro se han hecho grandes obras sin dañar la Zona de Monumentos: El Estadio Corregidora, los nuevos hospitales, hace tiempo el Parque Querétaro 2000, el reciente Centro de Congresos, por citar sólo algunas. El análisis de los contextos, es un buen factor para su éxito y hay que ver cómo se combinarán las obras de segundos pisos con quien tiene derecho de piso por haber llegado hace casi 300 años al lugar en el que se encuentra.

A la sociedad hay que informarla en todos sus estratos y organizarla de la mejor manera para su participación. Quizá lo que está faltando es crear un Patronato para la protección del acueducto, que busque recursos y colabore, bajo normas específicas y para ayudar, en lo posible, a las autoridades que saben perfectamente lo que están haciendo pero a quienes una opinión abierta, cuidadosa, sustentada y llena de respeto, nunca les viene mal.

Margarita Magdaleno.


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