Toni Kuhn: La noción del tiempo

Muestra fotográfica.

Siempre asociamos la idea de triunfo con la acción permanente de mirar hacia arriba. Sin embargo, al negarnos la visión hacia abajo, perdemos la oportunidad de descubrir un mundo lleno de imágenes plásticas, con las que en esta ocasión Toni Kuhn, nos regala y demuestra que son ricas en composiciones, texturas, colores extraños, poco frecuentes y por demás, resultados inesperados.

Toni Khun, nació en Suiza en 1942, y vive en México desde hace casi 30 años, cuando dio a conocer su talento a través de la lente cinematográfica, con la cinta “Desaparecida”. Enamorado de México ha realizado diversos filmes en los que predomina el sentido poético de la imagen en movimiento siempre enfatizando una crítica social que enaltezca la dignidad humana. Algunas de sus cintas son: Mujeres insumisas de 1995, Novia que te vea de 1994, la conocidísima de 1991 La Tarea y un documental de 1992 en el que se aborda el tema estudiantil de 1968 llamado A 25 años de México 68.

En estos días nos ofrece el disfrute de su trabajo fotográfico que podemos ver en el Centro Cultural Gómez Morín, en una colección de temáticas diversas en las que encontraremos los privilegios de la naturaleza, la versatilidad de otras razas así como diversas composiciones triviales pero escondidas en lo cotidiano de la vida.

Es relevante en su trabajo el corte compositivo que obliga la intuición a completar lo que el ojo no ve: Vanos de puertas entreabiertas que oscurecen el interior y donde palpitan las emociones, allí donde algo se guarda y la imaginación persigue. O alcantarillas callejeras en las que unas rejas rigen la intención geométrica de un objeto trivial, que la cámara de Toni recompone hasta encontrar el sesgo que transforma lo vulgar en obra de arte.

En esta línea, que yo diría es preponderante en su trabajo, obligamos al ojo a recorrer con igual interés los círculos, las rectas y una multitud de ángulos que se esconden llevándonos a un ejercicio visual de adivinanza geométrica y espiritual, frente a la que hay que pensar en los impulsos que arrastraron a Tony hasta ese objeto, en el que igual se combina un charco casi imperceptible, que su concierto de imaginaciones y objetos de gran materialidad, adquiriendo unos valores, que sólo el privilegio de la vista nos permite atesorar.

Algo tiene de atractivo, también, aquello que se ha secado en el abandono, en la noción del tiempo, en el olvido de estos diferentes temas, tan llenos de sutilezas como una magnolia destrozada pero todavía con perfume.

Casualidades que se presentan con status de banderas imaginadas, transformando al “soldado” en “un corazón que en cada hijo te dio”, imponen sentimientos transmitidos en muchos de los caprichos de la naturaleza y las manifestaciones de la humanidad.

A veces rebuscado como el mundo, y en otras, minimalista, como su “Cautiva”, el Maestro Kuhn recompone para su personal pantalla, sin tocar sino con la mirada, lo que ya compuso la vida que crece y desborda los blancos barrotes que dan esencia y marco a lo que nos muestra.

Los encuadres que él hace no obedecen más que a su voluntad – aunque debería decir capricho – de artista que intuye más que organizar, los elementos de su obra “Ahorita vuelvo”, en la que una red metálica botada en el suelo, cuando cruza por su lente, se traduce en magia del equilibrio, mientras en la realidad sirve sólo para retirar el fango de los zapatos en una cotidianidad que nada tiene de poesía.

La diversidad de sus temas es atractiva porque lo mismo vemos fragmentos arquitectónicos, objetos de desperdicio, variadas vegetaciones, cielos, espejos azules de agua, fondos blancos, texturas múltiples, gente y tradiciones en otras latitudes, con la lucidez de lo cotidiano y la reinvención diaria para seguir vigentes.

¿Qué pretende este ejecutor de la mirada? Creo yo, hacernos reflexionar en sus temas y sorprendernos con sus tomas. El orden, como la mayoría de los artistas, lo lleva entre el ojo, el corazón y la cabeza, armonizando todo con sensibilidad y seso, volcados a través de una máquina hechicera que llamamos cámara.

¿Será que trata de detener el tiempo? Porque nada de lo que miro me parece una casualidad. Hay tétricos maniquíes, santos sin carisma y desvinculados de la fe. Bien lo dice en alguno de sus títulos, él busca “Escribir el tiempo”, valerse de la vitalidad del Ganges o hablarnos de animales muertos y de espíritus taciturnos en el hoyo de una banqueta.

Personalmente, me engancho en el minimalismo de sus “Audacias”, con flores solitarias perdidas entre el frío que nos obliga el blanco, tanto como las “Osadías” porque me recuerdan algunos precursores del Rayonismo; es decir, mi evidente pasión por las abstracciones y las simplicidades, juntas en un mismo mundo, el mío, el que decido yo, el que me configura por dentro, ése con el que me encuentro en paz y que Tony me regaló.

En un formato interesante a manera de anfitrión, Carlos Rangel expone en la Planta Alta del mismo recinto, su propia colección fotográfica llamada A través de la mirada, nos ofrece 35 tomas impresas en color y blanco y negro con temas variados que abordan desde el paisaje hasta elementos, que observados en fragmentos, pueden ser abstracciones atractivas.

Margarita Magdaleno Rojas

Santiago de Querétaro, abril de 2016.

 


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