Oscar Rafael Soto: En transición

Quienes conocemos a Oscar Soto desde antes de iniciar esta depuración pictórica, sabemos que su proceso de cambio no ha sido fácil ni rápido.

Con una gran capacidad de trabajo, muchas ilusiones y la decisión de abrirse paso en el camino del arte, Oscar va, viene, pregunta, anota, duda, planifica, se esfuerza, reflexiona, decide y no para de mostrar sus obras en todos los ámbitos que les corresponde y de donde la crítica viene de todas partes, desde la opinión de amigos que comparten la vocación, galeros, expertos, jurados, críticos y público que miran el trabajo y lo van completando y modificando mientras Oscar, atento, crece irremediablemente.

Su inquietud, bien fundada, lo lleva a trabajar sin descanso, acotando las modificaciones que se van dando en su ser integral mientras madura en cada trabajo que realiza.

Hace no tantos meses, mirar su obra era un gran reto como para recorrer los laberintos que presentaba con deseos de llegar a una abstracción que se reducía a una modificación voluntaria de las figuras, en su mayoría, perfectamente identificables aunque no comprensibles. Era algo parecido a un abstraccionismo analítico que nos daba algunas pistas para no desprenderse completamente de una realidad, que para él, más que para quienes miramos, es necesaria para “entender” y seguir huyendo de la emoción pura que debe provocar o atestiguar el arte. Era algo parecido a leer fragmentos con visos de literatura pero lejanos, todavía, de la poesía.

Sin duda, en más de una ocasión, la voz generalizada decía “…es demasiado!…hay que quitarle “cosas”…”

¿Cuáles cosas? ¿De qué va el arte?

El arte, entre tantas cosas, es un asunto que requiere de talento y disciplina en la parte técnica de la manufactura, del artista y su manera de relacionarse con el mundo, su mundo; pero no es todo. El arte involucra a quien mira y también lleva su parte porque de acuerdo a su entender y sentir completa la obra a su manera, la interpreta, la comenta o no, trata de explicársela a sí mismo y de todo eso, se queda con lo que puede y la usa y la manipula como mejor le acomoda. Y todos tienen razón. Su mayor aprovechamiento se dará en función de su capacidad de deleite, el conocimiento que se tenga del tema, la facilidad para imaginar, el reconocimiento de la calidad de la técnica, el desarrollo del hábito para mirar, la inteligencia y sin duda, la sensibilidad y la empatía con el mundo que el artista nos entrega.

Oscar ha trabajado su mundo haciendo pruebas: quitar lo más que él puede y entonces, en esta ocasión, nos ofrece obras que tal vez, cuando las miremos con el tiempo de por medio, parecerán piezas cuya finalidad parezca mostrarnos el proceso de ir desapegándose de los elementos que le daban seguridad mediante un discurso simple, sin retos, que ofreciera una lectura casi literal de los componentes.

En este sentido Oscar apela a los beneficios de la deconstrucción: Está retomando algunos de sus trabajos de hace algunos meses y en este proceso de sintetizar, se deshace de lo superfluo y luego lo “deconstruye” y lo reorganiza sin modificar la posición original de los elementos, logrando minimizar para concentrar los motivos de atención en las composiciones.

En esta veintena de trabajos, tenemos grandes rompecabezas que pueden formar parte de un todo u ofrecernos lecturas de elementos que se componen a sí mismos y tomarse por separado a base de manchas biomórficas que sugieren una fuente de inspiración en el Expresionismo Abstracto de Arshile Gorky; nos da composiciones abstractas que deben entenderse a la luz de historias figurativas.

Paisajes imaginarios en visiones fantásticas son poblados por sólidos de composiciones libres que muestran cada uno su propia metáfora, su campo de color, su organización y equilibrio. Es un remolino que se ha deshecho de los sobrantes; son imágenes que permiten la presencia del material pictórico que aplicado con fuerza y prisa conserva el volumen de la materia sobre el lienzo.

La paleta ya no busca equilibrios estereotipados sino que se mezcla, a veces con una estridencia que marca los contrastes y se apacigua en el conjunto. Y éste, quizá es uno de los aspectos relevantes del trabajo de Oscar Soto: el quehacer pictórico. Es un joven que sigue conservando la pintura como medio de expresión en un mundo en el que los conceptos y las instalaciones acaparan la atención de la mayoría de los públicos. Ensambla con facilidad y las manchas de color derivan en elementos compositivos que sugieren arquitecturas y atmósferas en las que el espacio es el estabilizador del equilibrio.

Por ahora, todavía es difícil encasillar el trabajo de Oscar. Aleatoriamente oscila entre la figuración y el abstracto mientras llega a identificar los nuevos elementos que caractericen su obra y a decidir lo que quiere comunicar. Sin duda es un proceso de transición.

Margarita Magdaleno Rojas.

Santiago de Querétaro

Agosto de 2013


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