Museo Internacional Barroco

¡Qué nombre tan comprometedor!

Se trata de un nuevo museo realizado en Puebla. Claro que hablar de Barroco en Puebla suena lógico si es que allí se establece un centro de investigación sobre el tema y se sabe que la materia prima para que ese hipotético centro existiera, está justo allí, al salir a la calle para encontrarnos con el Barroco Mexicano, en pensamiento, palabra y obra.

También es plausible traer a Toyo Ito, el gran arquitecto a que haga una obra magna en nuestro país; y no porque nosotros no tengamos profesionales de gran talla para hacerlo sino porque tener otros talentos plasmados en nuestra arquitectura es oportunidad para la apertura hacia las diferencias, que las muestras internacionales lo manifiestan con grandes éxitos, como el Gugghenheim de Bilbao, de Frank Ghery, simplemente espléndido y no es para menospreciar a ningún arquitecto español, que bien sabemos de su talento, sino de abrirse a otros pensamientos y a los nuevos tiempos que se imponen sin remedio y también, sin necesidad ni intenciones de detenerlos. Allí el éxito es de quienes se percataron de que una institución de esta naturaleza era lo óptimo para dar una cara erguida a los desastres de la ETA, nacida en esa región, además de revitalizar una zona abandonada en la ciudad, inyectarla con una vitalidad distinta, así como juntar esta obra a un conjunto de intervenciones en la ciudad en las que se dio el espacio para actuar a los más importantes arquitectos internacionales a quienes se les encargó hacer todas las estaciones del sistema de transportación METRO.

Y para dotarlo del fundamento del museo, la colección Gugghenheim es vastísima. El compromiso fue llevarle el paso al público local e internacional, que abarrotó hasta amortizar la inversión y a la Fundación Gugghenheim cumplirle la promesa del mejor recinto. El contraste entre terrorismo y cultura, fue vital.

En el caso del inmueble que nos ocupa, ni siquiera se trata de una disonancia para el centro histórico poblano que es, como tantos otros en México, Patrimonio Cultural de la Humanidad, incluido en el elenco de la UNESCO, puesto que la nueva obra no se encuentra dentro del perímetro decretado.

Puebla es además, uno de los lugares mexicanos donde el Barroco se ha convertido en muestra de excepción en esta tierra, que se distingue por ser un ejemplo vivo de la mezcla equilibrada entre el pensamiento español y la cultura de los siglos XVII y XVIII, principalmente, con todas sus influencias y excepciones.

Y como todas las grandes empresas, cada embestida de Postmodernidad, tiene el riesgo de cornadas tanto como la posibilidad de salir en hombros.

Sabemos que la tecnología lleva un papel de vital importancia en este proyecto y podemos adivinar que nos sorprenderemos gratamente con los efectos que acortan las distancias, nos permiten las vistas al detalle, no hay colección que no se alcance para mostrarla, ni pensamiento filosófico que no se presente a propósito de explicar y mostrar lo que el guión diga. Eso es maravilloso.

¿Y los contras cuáles son? El primero es que no hay video ni imagen analógica ni especializada que pueda suplir por ejemplo, el Barroco de la Casa de los Muñecos, justamente poblano y en pleno corazón del Centro Histórico. Tampoco habrá ninguna imagen digital que provoque la suspensión del aliento que nos ahoga cuando entramos al recinto de Santa María Tonanzintla y no me imagino otro espacio como la Casa del Dean, ni otras pinacotecas como la de la Catedral de la Puebla de los Ángeles, Primera Ciudad del Virreinato de la Nueva España. Es decir que en Puebla, el Barroco está allí, en cada calle, en las plazas, campanarios, bóvedas, palacios y residencias, conventos y en el corazón de los poblanos.

Cuando tenemos un horizonte cultural y físico como éste, es muy difícil honrar en justa medida al Barroco Internacional, porque seguramente el Caravaggio de una pantalla no podrá dialogar en justa medida con Villalpando, Correa o Cabrera, ni el Rococó de Prusia encontrará parangón ni allá ni acá. No es la misma emoción si besamos una pantalla frente a la que la que nos provocan los otros labios, cuando nos atrapan en el beso.

Y todo esto puede no tener gran fuerza si pensamos que no hay museo sin acervo. Hay que reunirlo de acuerdo con todas las instituciones que ahora salvaguardan las piezas; porque se trata de algo ya existente que está en alguna parte y que habrá necesidad de reubicarlo sin ofensas ni agravios. La labor es titánica pero no imposible y llena de buenas voluntades y razón, que permitan los comodatos y las autoridades, quienes sabedoras y comprometidas, se den a la tarea de armar las colecciones necesarias para que, a manera de oxígeno, permitan la respiración del nuevo museo, en tanto crece y se mantiene por sí mismo a través de su propia colección, que es deseable, sea una finalidad prevista para el corto plazo, en la vida del museo naciente.

Y con todo esto, habrá de verse lo que sucede con el actual concepto que de museo se tiene. Éste que emanó de las vitrinas de preciosidades hace alrededor de 200 años, que evolucionaron en espacios completos y desbordantes de objetos colocados de piso a techo, hasta los museos como los conocemos ahora, organizados, por temas, recorridos , salas y muchas formas más que dependen de los curadores, museógrafos y directores y de muy especial manera, del compromiso de las autoridades y los recursos destinados a mantener permanentemente una nómina, un presupuesto siempre interminable y el conocimiento de muchos profesionales, técnicos y voluntarios que permitan que estos recintos sigan vivos. Es decir, que el museo forme parte importante del Proyecto Estatal de Arte y Cultura y no sea un destello de luz que se apague con el primer viento imprevisto.

Frente a la obra arquitectónica que vemos en Puebla, espectacular y digna de los gustos, criterios y críticos más exigentes, no hay duda cuando se trata de obras y espacios tan llenos de calidad y buen gusto, aunque haya a quienes les desasosiegue en los contextos históricos; pero si miramos hacia atrás, entre el Barroco y el Neoclásico, se salvaron las diferencias y ahora los defendemos como un conjunto digno de la más esmerada conservación patrimonial.

La discusión deberá centrarse en la manera en la que se harán los futuros museos o sus equivalentes y en el conocimiento y compromiso de los  gobernantes y sociedad civil a través de las Asociaciones de Amigos , de quienes dependan los recursos, no sólo para inaugurar sino para mantener vigentes las instituciones de cultura en nuestro país.

Margarita Magdaleno R.

 


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