Entre íncubos y piel

Desde el punto de vista plástico ¿Dónde anclar el trabajo de Federico Correa?

A simple vista se antojan muchas raíces y sueños que lo sustentan y lo motivan; aunque realmente son las semillas que entran y germinan de inmediato en las referencias y los recuerdos de una memoria dormida que a todos estremece porque toca y llega.

En su catálogo de tantos años, sin morbo, sin reproducción literal de la emoción de vivir, en el dibujo de tanta calidad, las imágenes poco frecuentes de cuerpos que, mientras se desnudan, al unísono se proyectan encima de quien ejerce el derecho a mirar para deslizarse, entrar a perturbar y generar la reflexión, el asombro, la incerteza…

Muy cercano a los colores del Expresionismo Alemán, a las estridencias de aquellas Vanguardias Europeas, a las sutilezas de Lautrec, nos recuerda, sin atrevimiento, la soltura del lápiz y el pincel de María Izquierdo, local, con sus juguetes, sombreros, circos y diversiones infantiles que sin embargo, en la paleta de Correa, mientras se evocan, se erotizan y expresan en un nuevo lenguaje que sueña y se atormenta en tanto acaricia su propia piel.

Margarita Magdaleno R.

Junio de 2016


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