Casas de Cultura

Hablar hoy de las Casas de Cultura en este espacio, es tema obligado por la importancia que reviste la necesidad de congruencia entre la ciudad y sus equipamientos, para dar frente al desarrollo latente que estamos viviendo todos los habitantes de ésta, que sigue siendo muy noble y muy leal ciudad de Santiago de Querétaro.

La información que contiene el Atlas de Infraestructura Cultural de México, editado por el CONACULTA en el año 2000, nos indica que la población en la capital del Estado contaba con 641, 386 habitantes (págs. 131 – 135) y 12 Casas de Cultura; es decir, que cada casa atendía alrededor de 53, 500 habitantes, con todas las excepciones que se quiera.

Por otro lado el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1950 creó los Centros Regionales de Iniciación Artística CRIA que derivaron en 1954 en las Casas de la Cultura a las que nos hemos acostumbrado y de las cuales, la primera fue la de Guadalajara, con la organización de la Subdirección General de Educación e Investigación Artística del INBA y por la que pasaron los más importantes artistas e intelectuales de aquel México, que a veces se desdibuja en la memoria mexicana, pero que no deja de mantener la importancia de los cimientos de la enorme infraestructura cultural que ahora tenemos.

Para 1960, las Casas de la Cultura se habían consolidado en las diversas poblaciones de México y la vida cultural de cada sede, en la que se encontraban, motivó que, algunos incipientes espacios donde empezaron a operar, tuvieron que ser expandidos fuera de los inmuebles iniciales, para atender su población demandante, como en el caso de Aguascalientes donde el taller de gráfica, que obedeciendo a la importancia de José Guadalupe Posada, ofreció talleres artísticos de esta disciplina con gran reconocimiento a los resultados.

Ante la demanda cultural, las Casas de Cultura, se fueron ligando con los iniciales Museos Regionales, de sitio, municipales u otros y en 1977, había ya 50 espacios culturales, mejor organizados y bajo la custodia y manutención del INBA, por todo el país. Ahora hay alrededor de 2000 Casas de Cultura, independientes de los museos y con mucha importancia para las poblaciones que no son las rigurosamente capitalinas, que trabajan con recursos estatales y municipales, con participación de la Asociación Civil o el sector empresarial privado.

Las actividades más frecuentes en las Casas de Cultura, son los talleres de gráfica, dibujo, pintura y eventualmente escultura para las áreas de la plástica; danza y música así como narración literaria, son muy socorridas las bibliotecas de manera especial y se brinda atención a todos los rangos de la población sin importar edades, sexos, religiones ni condición social. Son un espacio de carácter formativo, al alcance de toda la población, que muy probablemente aquí inicia su formación cultural externa a la educación en las escuelas.

De esta manera, entrar en el entredicho de si deben o no continuar presentes en la vida de todos los ciudadanos mexicanos, no puede ser, ni siquiera, motivo de discusión porque el derecho a la cultura es igual que el derecho a la salud o a la educación. La cultura, además de muchas otras cosas nos da información y placer, pero también nos hace mejores personas. El contacto con el arte, no se parece a nada porque se va directamente a eso que llamamos espíritu y que nos mueve desde el fondo.

El crecimiento de la población, lógicamente, requerirá de nuevos proyectos, mayor alcance, más inversiones, otros programas, precisión en los objetivos, más fuentes de recursos y las actividades se irán definiendo por sus objetivos, de tal manera que las vocaciones de los museos y galerías estén bien definidas junto con sus acervos en las mejores condiciones posibles, las escuelas atiendan los asuntos que les competen, igual que cada dependencia para la educación, la cultura y el arte.

Para tener claridad en los objetivos que se persiguen, es necesario personalizar los campos de responsabilidad y en función de la población, acercar los servicios donde les sea más fácil acceder a la cultura. Pero nunca confundir, los resultados que se esperan de una escuela, un museo, una casa de cultura, un centro artesanal, talleres o laboratorios de teatro, literatura, danza, etc.

Esto que en palabras parece muy sencillo, además de costar dinero, cuesta esfuerzo, conocimiento, organización, respeto por los otros, colaboración, donativos, orgullo, trabajo incansable, por citar solamente unos cuantos requerimientos. Pero sobre todo, voluntad política y participación de la comunidad.

El asunto está en que no basta con tener el deseo de realizar estos proyectos, que también es requisito; pero antes que nada, debemos contar con un proyecto integrador de cultura, que acate lo que indican los diagnósticos para buscar la solución ideal como objetivo, aunque los resultados se distribuyan en metas y etapas bajo un solo proyecto acorde con todos los otros aspectos que atañen a la ciudad, el Estado, el país, acordes a los diferentes niveles de planeación.

Debe ser del conocimiento de todos para que cada quien haga lo suyo. Hay que informar: Y de muy especial manera, tener coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace

En este México maravilloso, padecemos por la convicción de los gobernantes que van ideando metas y objetivos sin proyectos concretos, sobre todo en el sector cultural, del que se supone que todo es gratis, que se puede prescindir si fuera el caso, que se argumenta la repetición de objetivos, “al cabo que todo es igual” y donde se supone que un modelo se debe replicar como pastelito prefabricado con una receta milenaria, que de todas maneras, siempre se lo comen. Y si se hace algún equipamiento especial, que sea enorme para evitar todos los pequeños, que son los que sirven a las poblaciones más vulnerables como los ancianos y niños pequeños, que no siempre habitan en las mejores zonas del centro de población.

En materia de cultura, queda claro que no se trata de una infraestructura enorme para atender a toda la población, sino en los casos de equipamientos especiales de servicio para toda la ciudadanía como los teatros, los grandes y nuevos museos, etc. En estos ejemplos hay que dotar también de elementos urbanos indispensables como las vialidades, los servicios, el transporte y todo lo necesario para que la población “de a pié” pueda tener acceso, la atención al público necesaria y un etcétera muy amplio al que debemos aspirar.

Entre otras cosas, los Planes de Desarrollo Urbano, para eso sirven. Allí se indica, previos profundos estudios, qué, dónde y cómo, instalar infraestructura y construir equipamientos, así como quiénes deben ser los responsables para lograrlo. Querétaro cuenta con muchos y muy especializados planes de desarrollo urbano y habría que hacerles caso, empezando por las autoridades quienes encontrarán en ellos guías confiables para crecer en equilibrio. Porque hay ejemplos de decisiones tomadas, un poco incomprensibles como construir el Teatro Metropolitano sin transporte urbano que nos acerque a un aspecto cultural tan importante como la música, cuya sede de la Orquesta Filarmónica de Querétaro se volvió prohibitiva para quienes no tienen su propio modo de traslado y sin embargo, los casinos están en la zona de mayor accesibilidad.

En el caso de Querétaro, sería importante conocer El proyecto de Cultura completo en sus diversos niveles de alcance: Estatal, en cada Municipio con sus particularidades, las posibilidades en cada Delegación; con respeto y atención a las idiosincrasias, grupos de pobladores, edades, necesidades, posibilidades, etc. Lugares donde la mamá pueda llevar al niño y ambos estén ocupados en actividades culturales, artísticas o educativas, que las escuelas no pueden brindar.

Y considerar, de igual manera, que cada institución está compuesta por personas, profesionales en su área, que en conjunto, con alumnos o ciudadanos en general, caminan juntos para hacer brillar los resultados de un proyecto.

¿Hacia dónde voy con todo esto? Hacia la enorme inquietud provocada en la comunidad cultural, acerca del nuevo destino de las Casas de la Cultura para todas las Delegaciones del Municipio de Querétaro.

Por fortuna ya se habló de que no se venderán las Casas de Cultura Municipales. Menos mal que ya podemos empezar a entendernos. Y sí, a entendernos, porque si no hay claridad en los proyectos, pareciera como si lo único que hay que modificar, quitando a voluntad lo que sustenta a la cultura. Siempre que hay que apretar cinturones, se aprieta a la cultura como si los motivos para su existencia fueran banales o decorativos, cuando en realidad son imprescindibles

Pero sigue haciendo falta conocer el proyecto concreto que argumenta la existencia o no de los equipamientos, los objetivos, las metas, los recursos con que se cuenta y de muy especial manera, cuáles son los motivos para la selección de las propuestas; es decir: Un Diagnóstico, las metas de lo ideal hacia lo que debemos acercarnos paso a paso con la estrategia, qué nos corresponde a cada participante en este gran proyecto cultural. Y acatarlo.

No estoy pensando que no cuenten con todo lo necesario para apoyar las propuestas y sus planes. Pero sí, que la manera de comunicarlo debe ser tan importante como elaborarlas. La que se tuvo en principio no fue buena.

Elementos, en fin, para comprender por qué en un Centro Cultural se incluyen clases de meditación por ejemplo; saber cuál es la población atendida y, cuál la que se pretende atender, por qué proponer más Centros de Artes y Oficios, cuál la preparación de los enseñantes y cómo llegar a la réplica del éxito del que actualmente tenemos, que se ha debido al conjunto de elementos que se suman, como el compromiso de los profesores y los alumnos, el esfuerzo de cumplir, los cuidados a su escuela, etc. Repetir sonidos sin orden provoca cacofonía.

Importante sería también, enterarnos acerca de cómo, los centros culturales, van a entrar a la nueva era tecnológica.

Todo esto sin olvidar, por supuesto, los inmuebles históricos, que requieren, sin duda, conocimiento para su conservación y talento para adecuarlos sin daños al Patrimonio de la Humanidad del que forman parte.

Al inicio veíamos que una Casa de la Cultura, según se dote de equipamiento, puede dar servicio a una comunidad de 50 000 habitantes, en cifras redondas. Querétaro supera el millón de habitantes y estamos hablando de cientos de casas necesarias. Claro está que también los equipamientos mayores podrían sustituir a muchas de ellas, pero hay que argumentarlo; frente a lo que el pretexto de la poca frecuencia de usuarios no es válida porque sería equivalente a distinguir las zonas, colonias o barrios por su delincuencia y dejarla crecer o por su desarrollo cultural y dejarlo perder, si la norma fuera, para estos casos la ley de las mayorías.

Lamentablemente es cierto que todavía nos gana la mayoría de la arrasadora ignorancia, el tedio frente a la lectura, la preferencia de la caricatura frente al aprendizaje; y no se trata de negar los atractivos y beneficios de la tecnología. Pero es muy grave no combatir la soledad de quienes se encierran frente a sus computadoras y sigamos sin ofrecer alternativas porque asiste poco público a las Casas de Cultura. El pensamiento debiera ser que crezcan acordes a su medio pero nunca quitarlas.

Esta lucha no es sencilla y habrá que darle la cara, con el respeto que obliga solicitar tener acceso a los grandes proyectos gubernamentales y con la fuerza que permite este nuevo modo de organización en la comunidad cultural, enterada, participativa, preparada y movida por el deseo de tener un Querétaro, moderno y transformado pero con gran calidad de vida.

Margarita Magdaleno Rojas

 


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