De la jiribilla a la crítica de arte

Para poder abordar este tema es deber apelar a la definición de las palabras y los conceptos.

La jiribilla, no se encuentra rigurosamente en todos los diccionarios sino en aquellos que aluden a las expresiones idiomáticas generalizadas en América Latina y aún así, hay variantes por región, destacándose con mayores aportaciones las jergas habituales de Argentina, México y Cuba.

Alfredo Álvarez Ahumada, autor cubano[1], define la jiribilla como “Vertiente de la letra cultural subjetiva, caracterizada por el humor, la crítica y la complejidad”. Con esto me refiero al “tono” en el que leemos, sobre todo, las notas periodísticas en las que nos informamos acerca de los eventos culturales de diversas ciudades, donde se concentra la mayoría de la infraestructura cultural, ubicada en las entidades federativas y no con poca frecuencia en los diarios de la capital mexicana.

Si los informativos cuentan con un suplemento cultural, nos encontraremos con plumas finas para expresar las opiniones que se tienen acerca del arte que se presenta en los recintos más selectos, como los museos nacionales, institucionales, de sitio, en salas adaptadas en espacios de arte, en el mejor de los casos o en las galerías privadas que encontramos en las colonias y barrios más distinguidos socialmente y con mayor valor adquisitivo: Polanco, Chapultepec, el Sur de la ciudad, la Condesa, la Roma, Zona Rosa, etc.

Y si se trata de las capitales estatales, están los Centros Nacionales de las Artes, los museos locales y eventualmente algunas salas adecuadas para ese fin, casi siempre ubicados en los mejores predios de los Centros Históricos, ya sean antiguos conventos bien restaurados, espacios universitarios, galerías municipales y algunas de carácter privado que han logrado mantenerse, donde las noches de inauguración son celebradas de la mejor manera que se puede. Quién sabe si todos los asistentes están enterados de lo que allí sucede y tampoco es frecuente que otro día, regresen a revisar con calma lo expuesto. Y los artistas por su cuenta, quieren creer que la gente lo ha visto todo y mejor aún, que lo ha comprendido; cuando en realidad, los asistentes se pasean por la exposición deslumbrados por los flashes de la prensa que cubre el evento social: quiénes, cómo, dónde y todos los etcéteras que se quieran.

Cuando mucho, los reporteros se consiguen algunas de las intervenciones inaugurales y las transcriben a su manera y llegan a reportar que ¡Francisco de Goya y Lucientes asistió a la inauguración de su exposición!

Y por lo demás, los diarios no presentan los materiales gráficos de lo que se exhibe y peor es el resultado cuando los lectores se acostumbran a revisar la cultura y el arte en las páginas de sociales, junto con bodas, bautizos y las mejores pasarelas de la temporada.

Difícilmente se habla de asuntos de política cultural, análisis de obras, reconocimiento a los acervos, importancia del arte en la educación, la oferta cultural como un elemento fundamental en la formación de públicos conocedores y críticos.

Por otro lado, el trabajo de crítica lo hacen los directores de museos, curadores, museógrafos, que no está mal, porque son quienes conocen no sólo lo que se exhibe sino su trascendencia; y su relación con el arte y los artistas, queda en los catálogos de las muestras, escritos con no poca frecuencia en lenguajes que parecen de carácter críptico, que muy pocos especialistas comprenderán y que a veces sí y a veces no, aplaudirán los artistas. Y el público, nuevamente, se queda fuera de foco por hastío, indiferencia o ignorancia, pero en mucho, por falta de atención de quienes podríamos estar pendientes de ese grupo de opinión.

Entonces, el trabajo de los críticos de arte se queda al margen del gran público, que tal vez no pueda comprender un texto especializado, que debiera servir para analizar la obra, reconocer el mérito y talento del artista, reflexionar acerca de la importancia de la técnica y poner al alcance de todos el punto de vista del especialista, la emoción del artista y la importancia de la obra que tienen enfrente.

La crítica no puede ser solamente el resultado de enormes investigaciones del crítico y estudioso del arte, pero tampoco una simple reflexión o descripción exhaustiva. Pero si puede haber diferentes versiones: para los sinodales, los eruditos, los artistas y los diferentes ámbitos del público que frecuentan las muestras, estudian acerca de algún tema, valoran una obra, tal vez la compran y participan en el devenir de las artes.

Los medios que se tienen para difundir la cultura no pueden ser emblemáticos de la frivolidad sino instrumentos de acercamiento para los diversos públicos al campo del conocimiento, valoración y disfrute del arte, en todos sus géneros, lenguajes, mensajes y destrezas.

Esta labor de acercamiento al arte, sin miedo y con frescura, se presenta como una necesidad permanente que encaja en un formato de planteamientos serios y bien fundamentados pero desprovistos de ropajes que asustan, tales como: citas interminables, fragmentos de textos estelares revisados palabra por palabra, con un afán más parecido al temor de decir algo que no sea comprendido o aprobado, que al rigor que exige la investigación seria. Ciertamente quien escribe tiene que comprometerse en su opinión o descubrimientos resultantes de la mirada aguda y el análisis formal, sin quitar, claro, la veracidad y los argumentos que avalan la opinión volcados en textos viables para todo público, que son quienes se acercan a los diarios, en primera instancia, a buscar la nota.

Esto no quiere decir que la investigación pierda método; pero el texto, tiene su propia medida dependiendo del objetivo de la misma. Hacer crítica de arte requiere de un gran rigor en la investigación y el planteamiento, una selección adecuada del medio de difusión: Periódicos, revistas, medios electrónicos, libros, catálogos de exposición, etc; a diferencia de escribir cédulas introductorias, temáticas o de objetos, textos didácticos u otros que se requieran para la prensa.

En la investigación es muy importante considerar, ineludiblemente, la teoría del arte, la descripción y el meollo de la técnica y de especial manera el conocimiento del artista que camina en su vida y circunstancias de manera paralela a su obra y cada condición de vida será de características distintas para cada uno de ellos. El crítico no puede perder de vista que su interpretación de los hechos, del hacer arte, del objeto mismo y de la condición humana del Maestro, no son sino un complejo de información que puede tener muchas interpretaciones, válidas o no para el artista y para sus lectores. El crítico se arriesga al exponer su postura; pero justamente, de eso se trata.

También es importante deslindar responsabilidades que separen el reportaje social del análisis que se haga de la propuesta del artista. Pero en cualquier circunstancia, los datos del evento no deben competir con la sustancia del arte que se exhibe.

Pero tampoco podemos pedir demasiado si los reporteros no son especialistas en arte, hay que buscar espacios en los medios que nos permitan introducir lo que se puede decir de la muestra o evento en cuestión, no sin haber documentado suficientemente lo que vamos a decir, yendo más allá de las primeras impresiones, sobre todo, cuando nos enfrentamos con corrientes que resultan incomprensibles para las mayorías y que dejan a las muestras de arte en situaciones de desventaja, por la ignorancia de los públicos. Basta recordar la suspensión de la obra del accionista vienés Hermann Nitsch, a quien se tachó de estar a favor de la muerte y la violencia, además del sacrificio de animales, con razonamientos realmente simplistas provenientes de voces y acciones que argumentaron la gravedad de los momentos que vive México, alimentando un morbo insospechado.

En este caso en particular, se olvidó que el arte no es ciencia y que está más cerca de lo espiritual que de lo mundano, que el ejemplo mexicano no encaja en la propuesta nitscheana, que se alude al cuerpo y a la parte animal que tenemos vistos a la luz de los conceptos, lo cual, generó un escándalo colectivo escondido tras los medios digitales de opinión, en los que solamente se dice que se está a favor o en contra, pero no se argumenta ni se razona.

¿Cómo leímos estas obras desde los museos, las curadurías y el vulgo? Y ¿Quién salió a escribir y argumentar seriamente, informando al público? Los diarios sólo testimoniaron el escándalo, hasta que se canceló la muestra, un evento cultural de gran envergadura que fue saboteado por ignorancia.

Generalmente leemos el arte con prejuicios generados por la desinformación y la falta de costumbre frente al cambio, sin una ideología cultural y política claras.

Y volvamos al Diccionario en el que encontramos la definición de “crítica”, es un vocablo inclinado a enjuiciar hechos y costumbres generalmente de forma desfavorable. Juicio de algo que se expresa de manera pública.[2]

Y este sentido, de alguna manera negativo, probablemente nos lleva a esperar que todo lo que se diga, será adverso; cuando en realidad, la crítica, también tiene la atribución de encontrar circunstancias loables. Lo que queda poco claro es hacia dónde se inclina la balanza porque se puede convertir en línea de opinión positiva o negativa y sabedores de eso, los críticos de arte no siempre ven con buenos ojos la participación de profesionales que no sean Historiadores de Arte, como es el caso de los filósofos, tan importantes en materia de teorías del arte, los propios artistas que opinan acerca de otros artistas o profesionales de áreas ligadas con el arte como arquitectos o diseñadores, por citar sólo los más frecuentes.

En este punto, vale la pena recordar que el primer trabajo de crítica de arte se le atribuye a Giorgio Vasari [3], por su investigación realizada observando y reseñando los trabajos de los artistas de aquella época y de quienes tuvo la oportunidad de conocer las obras. Eran descripciones y opiniones personales; es decir, se hacían textos de reflexión.

Actualmente, la crítica se complica y se especializa en función de la profesión y experiencia del crítico, con la particularidad de que éste, emplea su tiempo, casi totalmente, para dichas tareas y cobra por ello, haciendo del oficio algo muy sofisticado, a veces caro y casi mítico.

En las sociedades de otros países americanos, europeos y árabes, por lo menos, el trabajo del curador se paga en tarifas altas, pero en países subdesarrollados, la crítica forma parte de un paquete de servicios que se incluyen entre las responsabilidades de un trabajo que implica muchas otras tareas, como hacer visitas guiadas, escribir textos, gestionar las muestras, hacer museografías y tantas cosas más por las que se paga un sueldo, pero no hay retribuciones por la crítica específicamente. Esta situación hace, que en frecuentes ocasiones se piense que el trabajo de curaduría y crítica sean más importantes que la propia creación artística, olvidando que sin obra, simplemente no hay curaduría y los comentarios críticos, van incluidos en la tarea del curador.

Otra veta del oficio de curar es orientar públicos para la inversión económica en arte, a través de compras directas, ventas y subastas, que en México no funcionan del todo o por lo menos, no de la mejor manera.

Los espacios para volcar la crítica son múltiples pero no especializados y   los dedicados a la comunicación, como la radio, la televisión, los blogs y todas las redes sociales, son un medio idóneo para acercarse a todo tipo de públicos, a través de programas de difusión, transmisión y reflexión del arte, aunque los espacios de calidad en la producción no sean tantos. Quizá el programa más cercano es el de Nicolás Alvarado que cuenta con una producción dispuesta a cubrir las locaciones que se necesiten y en otra línea de calidad, los canales 11 y 22 de TV, cuya variedad es múltiple, sin dejar de incluir algunos que en su afán de seriedad, se convierten en verdaderos soporíferos.

Hay críticos, también en los extremos, que toman temas favoritos y todo lo demás es vilipendiado sin ningún equilibrio en el juicio. Argumentar que solamente los tiempos pasados fueron mejores, resulta anacrónico, si no se conoce lo que sucede hoy con virtudes y defectos. Igualmente necio es negar que todo lo anterior no tiene ningún valor. Es lógico que el gusto personal se asome y se pueden hacer campañas para difundir lo mejor de la selección de un tiempo, pero no todo puede ser bueno ni malo cuando se trata de una apreciación en la que interviene el gusto personal. El asunto es comprometerse y argumentar las posturas. El crítico puede valorar la obra y saber qué hacer con sus propios gustos y los argumentos necesarios. La crítica no solamente tiene que censurar, aunque así lo definan los diccionarios y sí puede estar permeada por las razones a favor o en contra.

En fin, que mudar de la jiribilla a la crítica, es un asunto de responsabilidad y conocimiento encaminados hacia aumentar los espacios para la difusión, tanto en los diarios de curso corriente como en los textos especializados, que es deseable, alcancen mayores y mejores públicos.

Margarita Magdaleno Rojas.

Santiago de Querétaro, Diciembre 2015.

 

[1] Álvarez Ahumada Alfredo, Glosario de Expresiones Idiomáticas. La Habana, marzo 2013.

[2] Real Academia de la Lengua Española. Ed. Del Tricentenario. XXIII. 2014.

[3] Vasari Giorgio. Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. S. XVI. Vasari. Vidas. PDF.


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